Publicado por OPR | Jun 10, 2007
La técnica de la almohada emocional: ¿esperar lo peor te hace sentir mejor?
Por OPR
En el ámbito de la orientación laboral o profesional, ¿aconsejarías a las personas que acuden a una entrevista de selección de personal, que se presentan a unas oposiciones, o que envían sus currículums como candidatos a ofertas de empleo, que esperen lo peor para que así no se sientan tan mal en el caso de no tener éxito o de no alcanzar sus objetivos? Pesimismo y Optimismo, dos herramientas de intervención en orientación y coaching. ¿Cuál eliges? Nuestra opinión: el pesimismo es negativo para las emociones, pero positivo para los resultados.
PESIMISMO, NEGATIVO PARA LAS EMOCIONES, POSITIVO PARA EL RENDIMIENTO
Los psicólogos comprueban la teoría de la almohada emocional con resultados opuestos a los esperados. Los estudiantes que no esperaban pasar bien un examen se sienten más desdichados que aquellos que esperaban hacerlo bien, aunque ambos fracasen. Aunque la Ley de Murphy de la no reciprocidad de las expectativas dice que “las expectativas pesimistas producirán resultados negativos, y las expectativas optimistas también”, la relación entre expectativas y eficacia podría ser inversa (a peores expectativas, mejor rendimiento), y la relación entre expectativas y emociones podría ser directa.
Esperar lo peor no nos hace sentirnos mejor cuando nos enfrentamos a una decepción. Mucha gente cree que la preparación mental para el peor resultado en un examen o prueba amortiguará la decepción si finalmente el individuo falla, pero esta idea denominada “almohada emocional” nunca se había puesto a prueba en un experimento científico.
Margaret Marshall, de Seattle Pacific University, y Jonathan Brown, de University of Washington en Seattle, han realizado una serie de experimentos para estudiar esta idea. Primero solicitaron a 80 estudiantes que rellenaran un cuestionario que medía la perspectiva emocional general en la vida de cada uno. Después los estudiantes tenían que resolver un rompecabezas basado en la asociación de palabras con un programa informático. Basándose en esto puntuaron cómo de bien esperaban realizar una segunda tanda de este tipo de pruebas. A un 50% de los estudiantes se les dio un segundo grupo de rompecabezas que eran un poco más fáciles que los primeros y a la otra mitad más difíciles. Una vez concluida la prueba los estudiantes rellenaban un cuestionario para medir la reacción emocional o cómo de avergonzados o defraudados se sentían.
Los investigadores encontraron que los estudiantes que esperaban hacerlo mal se sentían peor que aquellos que también fallaron pero que predijeron que lo harían bien. Las expectativas pesimistas podrían exacerbar la desdicha cuando una persona fracasa. Por tanto, el “efecto almohada” de prepararse para lo peor no funcionaría y simplemente te hará más desdichado cuando el fracaso llegue.
El estudio también sugiere que la reacción de una persona a una decepción o fracaso está determinada principalmente por la perspectiva en la vida que tiene. Aquellos que esperan el éxito y fracasan tienden a tener en cuenta el lado positivo de las cosas y a pensar que lo han hecho razonablemente bien a pesar de todo. Pero también tienden además a negar su responsabilidad por el bajo rendimiento mostrado.
En esta segunda parte del estudio, en la que los estudiantes eran preguntados sobre si los resultados de la prueba era un reflejo de su habilidad o no, se comprobó que aquellos que veían la vida de color rosa y fracasaban decían que el test no reflejaba su habilidad. Por tanto las personas que tienen bajas expectativas tienden a estar abatidos en la vida y quizás menos preparados para lidiar emocionalmente con las decepciones. Y si no consiguen la meta propuesta tienden a culparse a sí mismos. Y por el otro lado, los optimistas tienen a echar la culpa de su bajo rendimiento a los demás o a factores externos negando gran parte de su responsabilidad.
Basándose en estos experimentos y en otros anteriores, Brown afirma que el mejor modo en el que una persona puede soportar las decepciones es darse cuenta que no tiene tanta importancia y que la persona necesita ser lo suficientemente fuerte para aprender que el fracaso no es tan malo.
Sin embargo, algunas veces el pensamiento pesimista puede suponer una ventaja. Anticiparse al fracaso en un examen o en una charla pública puede motivar a ciertas personas a estudiar más o a prepararse mejor para así contrarrestar el pronóstico. Los psicólogos llaman a estos individuos “pesimistas defensivos”. Por tanto, y según Julie Norem (Wellesley Collage) que estudia las estrategias usadas por la gente para perseguir sus metas, tender a esperar lo mejor tiene consecuencias negativas. Aquellos que continuamente rechazan o ignoran sus fracasos, por ejemplo en el trabajo, deberían de tener la suficiente perspectiva para darse cuentan de que pueden ser despedidos. La moraleja es que no hay un consejo simple sobre la mejor opción en estos casos, si esperar lo mejor o lo peor. Las expectativas pesimistas producen desdicha, pero las optimistas fracaso e irresponsabilidad.




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